El secreto

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Muchas veces me han preguntado cuál es el secreto del coaching, dónde reside la clave de esta extraña herramienta y su éxito…

Ayer terminé un proceso de coaching que había comenzado en noviembre. La vida, a veces, nos da duros golpes que nos obligan a asimilar situaciones que nunca imaginamos. Esa historia se repite en todos nosotros, nadie está libre del sufrimiento ni nuestro sufrimiento es mayor que el que puedan tener el resto de los humanos. Es en este camino de reinvención donde la vida de un coach y un coachee se cruzan, y esto ocurre siempre por iniciativa de un coachee, una persona que reconoce o cree que sola no puede, una persona dispuesta a ponerse en marcha, a encender sus propias alarmas.

En los procesos que llevo a cabo  propongo a los coachees realizar de 8 a 12 sesiones de coaching durante 6 u 8 meses, siendo su periodicidad al principio semanal para irlas espaciando de forma quincenal y finalmente mensual. Esto nos permite poner en marcha un plan de desarrollo y realizar un acompañamiento que nos garantice que las nuevas habilidades trabajadas se puedan convertir en competencias de la persona, y este camino nunca es exprés.

Por poneros un ejemplo que aclare la diferencia entre una habilidad y una competencia, podríamos decir que una persona que toca el piano, después de un año de aprendizaje tiene una afición, después de cuatro años de práctica se convertiría en una habilidad, y sería una pianista después de 10 años de duro trabajo y disciplina, lo que lo convertiría ya en una competencia adquirida. Esta maestría artística (igual que otras como la danza y la pintura) está estimada según diferentes estudios en 10.000 horas de práctica de ese arte. Esto es lo que diferencia una habilidad de una competencia.

Lo mismo ocurre en coaching aunque por suerte la buena noticia es que no es necesario 10.000 horas de práctica para ayudar a que una persona sumisa se sienta asertiva o para que una persona impulsiva mejore su autocontrol emocional. Competencias que en cada uno serán diferentes y estarán enfocadas normalmente a objetivos de desarrollo personal y profesional. Y este trabajo de aprendizaje estará siempre apoyado en los puntos fuertes de la persona, sus pilares.

Es cierto que un proceso de coaching puede centrarse exclusivamente en el plano ejecutivo, en objetivos de carrera, sin embargo, según mi propio enfoque, no hay mejora profesional posible sin un trabajo personal profundo  que vaya encaminado al equilibrio de las cuatro dimensiones de la persona: Mental, corporal, emocional y espiritual, diferenciando en esta última dimensión la parte existencial enfocada en encontrar un sentido y una misión para nuestra existencia, un porqué y el supra sentido (Viktor Frankl), es decir, las creencias religiosas personales en las que el coaching nunca debe entrar y que se escapan de su ámbito de acción.

Hacer más siendo, bucear bajo ese iceberg, bajo esa isla donde se esconden nuestras creencias y valores, nuestra misión, nuestra fantástica caja de herramientas, en ocasiones cerrada a cal y canto por una llave que no sabemos dónde está. Os reconozco que a veces hay que abrirla con los dientes…o con la imaginación.

En el viaje que supone un proceso de coaching voy trabajando en paralelo el ser y el hacer, ya que en la mayor parte de los casos las personas deben reinventarse y ser su propia empresa, definir sus valores y lo que será la cultura organizativa de su entorno profesional, ser consciente también de dónde está el límite y a lo que no están dispuestos a renunciar por conseguir sus objetivos. Renunciar a nuestros valores por conseguir nuestros objetivos…creo que eso será un buen tema para otro post…

Cuando termina un proceso de coaching y ves marchar a tu coachee, empoderado, consciente de sus fortalezas y sus debilidades, consciente de su esfuerzo y de su misión, capaz de reconocer que es él mismo quien tiene la capacidad de decidir cómo será su existencia, sientes que algo tuyo se va con él, pero también te invade una sensación calmada de estar cumpliendo con tu misión de espejo y luz que le ha facilitado vislumbrar el camino.

Porque el secreto del coaching, querido coachee, eres tú, y mi secreto, el secreto del coach, es saber que dentro de ti están los preciosos recursos que necesitas para lograr los objetivos que te propongas.

Feliz viaje


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