En busca del arca perdida

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Desde que comenzó este enorme puente de mayo entreverado de puentecillos estoy planteándome la misma pregunta, ¿qué es la felicidad?, y no he sido la única, en revistas y periódicos se han lanzado a investigar ante mi asombro sobre el mismo tema en las mismas fechas. Será quizá esta primavera remolona de sillón con mantita…hoy por fin hemos sentido el sol calentarnos, al menos en Madrid.

Volviendo sobre el tema decidí bucear como siempre en la historia y sabiduría de aquellos sabios filósofos griegos que me encantaban en selectividad y cuyo legado aún pervive, encontrando diferentes corrientes y opiniones.

Fue Sócrates (470 – 399 A.C) quien ya apuntaba que la felicidad viene de reducir nuestras necesidades y apreciar los placeres más simples y Platón (427 – 347 A.C) dando una vuelta de tuerca añadía el crecimiento personal y el autoconocimiento como claves para dar con ella. Encontré en esta época dos corrientes filosóficas en torno a la felicidad: la felicidad eudaimónica de Aristóteles (384 -322 A.C), basada en la búsqueda del sentido, una felicidad que sale de dentro, se desarrolla en el altruismo y está basada en las Virtudes (el punto medio), no os perdáis su libro “Ética a Nicómaco”, y la felicidad hedónica descrita por Epicuro (341 -270 A.C)  basada en la obtención de los placeres y objetivos personales.  Contracorriente llegó Zenón de Citio (301 A.C), fundando la escuela filosófica del Estoicismo, donde la felicidad se manifiesta como una fortaleza que nos ayuda a aceptar una existencia determinada. Estoicos sí que eran…

Séneca (4 A.C -65 D.C) nos legó que una vida feliz es sólo aquella que sigue a su propia naturaleza y que se puede alcanzar con el alma sana y el cuerpo saludable…

Siguiendo en Europa y saltando en el tiempo para no ahogarme  busqué la opinión de Nietzsche (1844 – 1900) que apuntó con su tragedia habitual que la felicidad se basa en superar lo que nos oprime. Más interesante me pareció la aportación de Ortega y Gasset (1883 – 1953) “La felicidad es una vida dedicada a ocupaciones para las cuáles el hombre tiene una singular vocación”. Humm…esto suena a lo que en coaching llamamos “Propósito de Vida” o Misión, a encontrar el Sentido…por aquí me voy sintiendo cómoda…

Este enfoque enlazaría bien quizá con el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, quien ideó su teoría de la “Pirámide de Maslow”, donde jerarquiza las necesidades humanas. Maslow defiende que según se van satisfaciendo las necesidades más básicas el ser humano desarrolla necesidades y deseos más elevados, siendo el mayor de ellos la autorrealización. ¿Sería esta autorrealización la felicidad para él?

Más contemporáneo y cercano, Martin Seligman, escritor y psicólogo estadounidense nacido en 1942 nos habla de tener emociones positivas y actividades positivas, rodeados of course de personas positivas. Nos habla de agradecer y apreciar, de darnos valor. Muy happy pero con los pies en el suelo.

El mismo Seligman ha profundizado en las conexiones entre la forma occidental de ver la felicidad y la oriental, porque en Oriente ya en el 601 A.C Lao Tse lo tenía claro al definir la felicidad como “Vivir el presente”. Frente al estado pasajero que asumimos los europeos como “felicidad”, esos momentos efímeros ideales, Oriente viene a decirnos que la felicidad es un estado de armonía interna que nos permite observar el camino con ojos de niño y disfrutar las pequeñas cosas. Nos hablan de presencia, de aceptación, de no juicio y apertura a la experiencia, es decir de “Mindfulness”, el arte de “darse cuenta”,  esta palabreja ha invadido el ámbito personal, empresarial y educativo trayéndonos a todos un poco de calma para nuestra occidental “rumiación mental” (¡tenemos más de 70.000 pensamientos diarios!).

Hay buenas noticias en Occidente también, estudios de la Universidad de Massachusetts nos muestran como la zona parietal del cerebro se activa con la felicidad y con la compasión y el altruismo, es decir, que ambos estarían conectados. Este campo de la neurociencia es apasionante, tendremos que dedicarle algunos posts. Estos estudios también nos indican que el 50% de la capacidad que tenemos para ser felices es de tendencia genética y el 10% depende de las circunstancias, estando el 40% fundamentado en nuestra actitud. Es decir, que si genética y circunstancias son difícilmente modificables, la clave, donde tenemos más margen de maniobra, es la actitud ante las que cosas que nos suceden, las decisiones que tomamos, con quién y cómo compartimos la amistad y el amor.

Ante toda esta avalancha de información me he decidido a preguntar a mis seres queridos, si, a hacer una encuesta sobre la felicidad, antes de ser capaz de contestarme a mí misma. Mis adolescentes cercanos fueron claros y me aportaron estas dos verdades magistrales:

“La felicidad es saber que le importas a alguien y que ese alguien te importe también”

“La felicidad es un equilibrio entre quererte a ti misma y querer a los demás”

Igual esto de la felicidad depende del momento vital en el que te hagas la pregunta. Pues aquí os dejo, voy a seguir investigando, aún me queda el domingo para encontrar el arca perdida, prometo que algún día os daré mi opinión, espero la vuestra…

Hasta pronto!


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2 comentarios en “En busca del arca perdida”

  1. para mi la felicidad es un compromiso con uno mismo… es elegir cada día ser feliz y no desviar tu intención de ello con los inconvenientes y excusas que van surgiendo para no serlo. es ser respetuosa, amorosa, bondadosa contigo misma primero y luego con los demás, es darte tu propio lugar, es amarte incondicional pase lo que pase, es lo mas sencillo si quieres hacerlo y lo mas complicado si eres perezosa.

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