Música y liderazgo (III)

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Fue en 1990 cuando comencé mi andadura como profesora de piano, lenguaje musical y conjunto coral, una época de entusiasmo juvenil en la que mis dedos corrían como locos por el teclado sin importarles la dificultad.

Años también de tremendo esfuerzo y disciplina, enfocados en terminar el Título Superior de Piano, costara lo que costara, disfrutando y sufriendo a la vez durante las interminables horas de dedicación solitaria, no solo al instrumento sino a sus asignaturas complementarias como armonía, música de cámara, acompañamiento, acústica (con sus horrorosos problemas de física), historia del arte, historia de la música, estética, pedagogía, formas musicales…

Hay mucho desconocimiento aún sobre la dimensión y dificultad de los estudios ahora universitarios de música, su dificultad, y el impacto que tienen en el desarrollo emocional e intelectual de niños y jóvenes lleguen o no a dedicarse profesionalmente a esta disciplina.

Disciplina porque no hay profesores y alumnos, sino maestros y discípulos (si tienes la suerte de dar con un maestro, claro). El maestro o la maestra en música es una persona tocada en la profundidad de su ser por la pasión y el amor a este arte y a su transmisión, consciente y agradecida del poder inspirador que tiene manejarse y trabajar cada día en la dimensión creativa y espiritual del ser humano.

Joven y repleta de partituras me enfrenté a mi primer grupo de pequeños aspirantes a pianistas, a los que tuve la suerte de acompañar durante siete años y verlos crecer. Entre ellos estaba Gui – Youn Cho Lee, que acompañada de sus hermanos asistía a clase con regularidad. La familia Cho -Lee tenía muy claro la importancia de la música para el desarrollo integral de sus hijos y tuve la suerte de trabajar con todos ellos.

Gui -Youn era una niña muy especial, aunaba sensibilidad con rapidez mental a la hora de resolver las dificultades que el piano le proponía, con una determinación innata. Sin darse cuenta iba desarrollando también competencias de liderazgo que han sido fundamentales para ella como la disciplina, el valor del esfuerzo, la orientación al logro, la visión estratégica, la empatía, la comunicación, la gestión del cambio, la proactividad, la escucha activa, la gestión de equipos… el estudio de la música nos permite conectar de forma simultánea razón y emoción, liderar de dentro a afuera, escuchando mis emociones y las del otro, favoreciendo la motivación propia y ajena, que tiene como consecuencia natural la capacidad para gestionar equipos, conflictos y cambios.

La música nos ayuda también a aprender de primera mano lo que es realmente la gestión del tiempo, skill fundamental para poder manejarnos en entornos profesionales donde prima la multitarea ¡Siempre digo que el tiempo es el ritmo de la vida!, tocando un instrumento aprendemos a priorizar, a diferenciar lo urgente de lo importante, lo fácil de lo difícil, aprendemos que después de un accelerando necesariamente acabará surgiendo un rallentando que ponga el cronómetro a cero.

La música acaba domando tu necesidad de inmediatez ofreciéndote compensaciones impensables que solo llegan a medio y largo plazo con el trabajo diario, y su práctica constante va dando forma a una manera distinta de pensar, de sentir, de actuar y de ser en el mundo.

Gui -Youn, que terminó el Título Superior de Piano, es ahora una prestigiosa cirujana maxilo -facial, Doctora en Medicina y Cirugía con sobresaliente Cum Laude y premios internacionales. Todavía guardo en mi mesilla de noche la carta que me escribió cuando dejamos de vernos en las clases y cada una de nosotras tomamos nuevos rumbos. Una carta emotiva y adolescente, cargada de agradecimiento y consciencia de la importancia que la música iba a tener en su vida. Hoy Gui -Youn es también una madre coraje que corre del hospital y la consulta a las clases de piano de sus hijas. Ella sabe por qué…


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