¿Para qué sirve el arte?

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Entendido  como capacidad, habilidad, talento o especial destreza, el arte nos muestra en todo su esplendor la capacidad creadora del ser humano, su búsqueda de la belleza y del sentido de trascendencia. Hoy no voy a hablar de las definiciones del arte a través de la historia, definiciones tan subjetivas que me llevan a pensar que el arte es, simplemente, lo que sea para cada uno de nosotros. Y ¿Qué es el arte para mí?, pues aunque todo puede tener su arte, para mí es el Arte con mayúsculas, las artes escénicas, la literatura, las bellas artes, las artes visuales y entre todas ellas comparto la pasión del pintor checo y representante del Art Noveau Alfonse Mucha por las 4 artes: música, pintura, danza y poesía.

He tenido la suerte de crecer junto a todas ellas y confieso haber garabateado sobre las rodillas poemas a la vez que la profesora de historia explicaba el descubridor Pizarro o la de biología las especies marinas. Dejaba volar mi imaginación mientras mi cabeza asentía a la explicación y conseguía dar el pego con facilidad, a la par que aprobar, así que no había problema. Tal era mi entusiasmo que los Reyes Magos me trajeron cuando rondaba los 9 años una máquina de escribir marrón Olivetti. Lo más divertido era borrar con aquellas cintas blancas que se superponían y que era difícil mantener derechas. Aquellos poemas y  relatos se iban acumulando hasta formar poemarios y en ellos volcaba toda mi desazón adolescente. Con mi Olivetti me sentía una auténtica intelectual.

Al llegar a casa del colegio ya llevaba puestas tres o cuatro horas de Conservatorio, y me quedaban un par más de práctica del piano al menos, algo que aunque extenuante para la situación me nutría como el agua a las flores, así que cada día me disponía a hacer los deberes escolares a eso de las 12 de la noche, ya en la cama, para afrontar de nuevo otro día agotador.

Por si aquello era poco muchos fines de semana visitábamos el Prado o el Teatro Real, asistíamos a los conciertos de la Banda Municipal de Madrid, y hasta llegué a hacer una incursión con el caballete, esta vez sin demasiado éxito. Y por las noches pasaba horas leyendo a nuestros grandes de la Generación del 27 o a Machado, que consiguió convertirse en mi poeta favorito.

A danza no me dejaron ir, me lo iban prometiendo cada año a cambio de ir aprobando solfeo…y se me pasó el arroz…pero esa es otra historia…

Hoy me siento afortunada por haber tenido la oportunidad de haber buceado en este inmenso mar desde niña y siento a la vez la obligación moral de hacer que el arte llegue a la mayor cantidad de personas en las mejores condiciones posibles ayudando con ello al progreso de nuestra sociedad.

Y es que el arte, ahora que hablamos tanto de mindfulness, constituye la experiencia más amplia de consciencia en el presente que he conocido. Momentos efímeros que consiguen enfocar toda nuestra atención en un solo lugar, en un solo instante, en una sola tarea, evitando así la rumiación mental que tanto nos aqueja. Limpiando nuestra mente y nuestra alma,  creando un inmenso espacio para las emociones individuales y colectivas. Y reconozcamos al arte también su capacidad para hacernos menos manipulables y  desarrollar el espíritu crítico, algo evidente en cualquier clase del colegio donde se pueda comparar a los niños con formación artística y los que no la reciben. Una vez leí en un artículo que el arte podría ser el único objeto de interés en el caso de que seres de otros planetas nos visitaran, ya que ellos dispondrían de todos los avances tecnológicos pero desconocerían el arte y la creación artística.

Momentos vividos en el presente que muchas veces nos retrotraen a siglos anteriores. Somos capaces de recrear una partitura compuesta por Beethoven,  una obra escrita por Shakespeare, dándole un sabor único y particular, aquí y ahora en 2018, como el pincel del pintor o la coreografía de una bailarina. Ay la danza, donde se une música y teatro en el propio cuerpo, y la ópera, le llaman el arte total, artes escénicas, literatura, artes visuales y bellas artes unidas en un momento único e irrepetible. Y todas ellas con la sempiterna finalidad de la búsqueda de la belleza, ese don que nos acerca a lo eterno, que nos enseña a mirar.

Hoy aprovecho este post para recomendaros la exposición de mi pintor favorito DE TORRES «Ernesto, todo tiene belleza»  , una invitación a viajar de la mano de un artista lleno de luz. Enhorabuena por tu talento!


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