To be or not to be

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A Miguel Sierra, tenor

D.E.P

Hacía mucho que no paseaba por un cementerio, algo altamente recomendable en medio de la vorágine del día a día. Ayer hacía un día precioso en Madrid, con un sol deslumbrante que rebotaba en las lápidas de mármol cegando nuestros ojos. Qué inmenso es este cementerio de la Almudena, cuántas historias esconde en el tremendo silencio de los tiempos. Ayer enterrábamos al tío Miguel, tenor de meteórica pero breve carrera, si se puede definir como breve a veinticinco años de entrega sobre los escenarios. Con un talento tan grande y una voz tan hermosa que a él mismo le desbordaba.

Son muchas las reflexiones que me suscita la jornada y sobre todo la visita al camposanto, me preguntaba por un lado sobre las vidas de todas las personas que allí yacían. Ministros, ambiciosos empresarios, presos, trabajadores anónimos, estrellas mediáticas…finalmente igualados por lo único que es inevitable para todos además del nacimiento, la muerte. ¿Y dónde fueron a parar todas sus ambiciones? ¿Podríamos pensar quizá que no merece la pena el esfuerzo constante por conseguir los retos que nos proponemos? ¿O lo que no merece la pena es meterse en todos los líos, relaciones tóxicas y tremendos conflictos a los que la humanidad y cada uno de nosotros nos sometemos? ¿Y los bienes obtenidos? Ser, hacer, tener, parecer…surgen en mí como verbos de estudio y profunda reflexión.

El mundo de la lírica y de las artes escénicas en general, se nos muestra en muchas ocasiones como una selva infranqueable, peleas, ambiciones desmesuradas, conspiraciones…y detrás de esto emergen personas que se dedican a cultivar la belleza que esconde, en el caso del canto, su propio cuerpo, en una indescifrable comunión cuerpo –alma que puede encender los corazones de todos los que lo escuchan y hasta cambiar sus vidas.

Y cuántas carreras perdidas por el exceso de ambición o el desánimo de lo imposible, ser el número 1. ¿Pero eso existe? ¿El 1 de cuántos o sobre cuántos? Cuánto peso llevan sobre las espaldas las personas que persiguen en cualquier ámbito ser el número 1, auténtica creencia limitante que les puede llevar a la desesperación al abandonar sus propios valores en busca de lo desconocido e inabarcable.

Otra cosa que me llamó mucho la atención en mi paseo por el cementerio fue la palabra Familia, de repente aparecía en todas partes, en cada esquina, en cada lápida, hasta los sepultureros la nombraron. Los humanos morimos agrupados por familias, nos despedimos de nuestros familiares llorando abrazados. La familia… casi había olvidado el impacto de este sostén en la sociedad, que nos intenta hacer creer por un lado que esta palabra ha desaparecido y por otro que está siendo profanada, cuando simplemente ha tomado nuevas formas.  En el abrazo de la familia que despide a uno de los suyos, me he sentido parte de un todo capaz de impulsarme hacia adelante. Con la responsabilidad de la herencia de un talento que fluye de una u otra forma por nuestras venas.

Ayer el sol radiante calentaba nuestros cuellos y cerraba un capítulo intenso de la historia de nuestra familia, con la tranquilidad de un niño que esperando el beso de su madre, deja caer el libro suavemente sobre la cama.

Os invito a intentar ser cada día mejores, no el mejor. A recibir el talento con la idea clara de que su desarrollo implica compromiso y esfuerzo sujetándonos a nuestros valores y fortalezas. Es seguro que de esta forma las futuras generaciones  recibirán el legado verdadero. Y a pasear por el cementerio, algo muy saludable para enfrentar el ego a la realidad que suelo recomendar en los procesos de coaching.

To be or not to be…it’s up to you.


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4 comentarios en “To be or not to be”

  1. Que bueno tu post Lourdes. No solo me ha encantado, también me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas. De momento he puesto los pies en la tierra. Un beso

  2. Bonito y sugestivo comentario de la que escribe el artículo.
    En mis años jóvenes tuve la fortuna de ver en escena a un notable tenor llamado Miguel Sierra. Fue la mejor voz de tenor que oi jamás. Voz grande, bonito timbre, soltura escénica en fin un tenor de una pieza. No sé las razones por las que no alcanzó la fama merecida pero clase había y mucha. No grabó mucho pero su Luisa Fernanda es de referencia.
    Que Dios le tenga en la gloria

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